Gloria a Ti, Señor Jesucristo, Hijo unigénito del Padre sin principio, que solo sana toda dolencia y toda enfermedad entre los hombres, porque has tenido misericordia de mí, pecador, y me salvaste de mi enfermedad, sin permitir que se desarrollara y me matara a causa de mis pecados. Concédeme de ahora en adelante, Maestro, la fuerza para hacer firmemente Tu voluntad para la salvación de mi alma condenada y para Tu gloria con Tu Padre sin principio y Tu Espíritu consustancial, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.