¡Oh, Creador manso y humilde de corazón, Dador de vida, Redentor, Nutridor y Guardián nuestro, Señor Jesús! Enséñanos el amor, la mansedumbre y la humildad por Tu Espíritu Santo y fortalécenos en estas virtudes tan dignas de Ti, para que nuestro corazón no se hinche con Tus ricos dones, e imaginemos que alimentamos, saciamos y sustentamos a alguien: Tú, Sostén común de todos, alimenta, satisface y protege; todos están contentos y en paz bajo las alas de Tu bondad, generosidad y amor por la humanidad, y no bajo las nuestras, porque nosotros mismos necesitamos refugiarnos a la sombra de Tus alas, en cada momento de nuestra vida. Nuestros ojos están dirigidos a ti, Dios nuestro, como los ojos de una esclava en manos de su señor, como los ojos de una esclava en manos de su señora, hasta que nos hayas perdonado. Amén.
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