¡Señor! Enséñame a dar limosna de buena gana, con cariño, con alegría, y a creer que al darla no pierdo, sino que gano infinitamente más de lo que doy. ¡Señor, que toda mi limosna sea para beneficio y no para mal! ¡Señor, acepta la limosna de tu pobre pueblo!
* El justo Juan de Kronstadt. Mi vida en Cristo. Volumen 2, 1220.
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