La remisión de los pecados mediante el santo bautismo fue concedida a Tu siervo (Tu siervo), y la vida y el renacimiento le fueron dados a él (ella), Él mismo, el Señor Señor, por la iluminación del rostro de Tu corazón. Me dignaré iluminarlo (a ella); guarda el escudo de su fe; vistiendo ropas incorruptibles, manteniéndolo sin mancha e inmaculado, indestructible en él (ella), guardando el sello espiritual de tu gracia, siendo misericordioso con él (ella) y con nosotros, según la multitud de tus bondades.
Porque sea bendito y glorificado sea tu honorable y magnífico nombre, el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Ver DÍA DEL ÁNGEL