Sin oración no se debe iniciar ningún trabajo; basta decirse a sí mismo “Señor, bendice”, y al final “¡Gloria a Ti, Dios!” o en circunstancias inciertas: "Señor, hágase tu voluntad".
A lo largo del día, trate de recordar a Dios con más frecuencia. Si te sientes mal, acude a Él con oración: “Señor, me siento mal, ayúdame”. Si te sientes bien, dile a Dios: “Señor, gloria a Ti, te doy gracias por este gozo”. Si estás preocupado por alguien, dile a Dios: “Señor, estoy preocupado por él, me duele, ayúdalo”. Y así, durante todo el día, no importa lo que te suceda, conviértelo en oración.
Oh Dios, Creador y Creador de todas las cosas, / las obras de nuestras manos, que iniciamos para tu gloria, / corrige apresuradamente con tu bendición, / y líbranos de todo mal, / / porque uno es omnipotente y Amante de la humanidad.
Rápido para interceder y poderoso para ayudar, preséntate hoy a la gracia de Tu poder, y bendice, fortalece y realiza las buenas obras de Tus siervos:/ todas las cosas, si lo deseas, // como Dios Fuerte, puedes crear.
Rey Celestial, Consolador, Alma de verdad, que está en todas partes y todo lo cumple, Tesoro de bienes y Dador de vida, ven y habita en nosotros, y límpianos de toda inmundicia, y salva, oh Bueno, nuestras almas.
Bendice, Señor, y ayúdame, pecador, a completar la obra que he comenzado, para tu gloria.
Señor Jesucristo, Hijo Unigénito de Tu Padre Principiante, porque Tú declaraste con Tus labios purísimos que sin Mí no puedes hacer nada. Señor mío, Señor, con la fe en mi alma y en mi corazón, dicha por Ti, me inclino ante Tu bondad: ayúdame, pecador, con esta obra que he comenzado acerca de Ti. Realízate, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, con las oraciones de la Madre de Dios y de todos Tus santos. Amén.
Tú eres el cumplimiento de todos los bienes, Cristo mío, llena mi alma de gozo y alegría y sálvame, porque soy el único que soy abundantemente misericordioso, Señor, gloria a ti.
Es digno de que Tú seas verdaderamente bendita, Madre de Dios, Siempre Bendita e Inmaculada y Madre de nuestro Dios. Magnificamos al honorable Querubín y al más glorioso sin comparación Serafín, que dio a luz a Dios Verbo sin corrupción, la verdadera Madre de Dios.
¡Señor Jesucristo, Hijo Unigénito del Padre sin principio! Declaraste con Tus labios purísimos que sin Mí no puedes hacer nada. Por eso, cayendo en tu bondad, te pedimos y rogamos a Ti, a Tu siervo (nombre) y a todos los aquí presentes y orando a Ti, ayuda en todas sus buenas obras, sus emprendimientos y sus intenciones. Por Tu poder, reino y fortaleza, toda ayuda es aceptable de Ti, confiamos en Ti y te enviamos gloria, con el Padre y el Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. ¡Amén!