(existe la tradición de rezar cuando los bebés tienen alteraciones del sueño)
¡Oh, maravilloso séptimo joven santo, alabado sea la ciudad de Éfeso y toda la esperanza del universo entero! Míranos desde las alturas de la gloria celestial a nosotros, que honramos con amor tu memoria, y especialmente a los niños cristianos, encomendados a tu intercesión por sus padres. Haz descender sobre ella la bendición de Cristo Dios, oh Señor: deja que los niños vengan a Mí. Sanad a los enfermos, consolad a los que lloran, mantened puros sus corazones, llenadlos de mansedumbre, y en la tierra de vuestros corazones plantad y fortaleced el grano de la confesión de Dios, aun con fuerza para que crezcan en fuerzas. Y todos nosotros, tus santos íconos que estamos ante ti, que besamos tu poder con fe y te oramos calurosamente, nos dignamos realzar el Reino de los Cielos y glorificar las silenciosas voces de alegría en el magnífico Nombre de la Santísima Trinidad, Padre e Hijo y Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.
Oremos al Señor. Señor ten piedad.
Gran Dios, loable, incomprensible e inescrutable, que creaste al hombre por tu mano, polvo de la tierra y lo honraste a tu imagen, Jesucristo, nombre deseado, con tu Padre principiante, y con tu Espíritu Santísimo, Bueno y vivificante, aparece en el nombre de tu siervo [o de tu siervo], y visítalo [o con alma y cuerpo, rogamos a la Gloriosa Señora de nuestra Madre de Dios, y a la Siempre Virgen María: la santa poderes celestiales de los incorpóreos: y el honorable, glorioso Profeta, Precursor y Bautista Juan: los santos, gloriosos y alabados apóstoles: como nuestros santos padres y los maestros universales, Basilio el Grande, Gregorio el Teólogo, Juan Crisóstomo: Atanasio y Cirilo, Nicolás en Mireh, Spyridon el Taumaturgo y todos los santos líderes: el Santo Apóstol el Primer Mártir y el Archidiácono Esteban: los Gloriosos Santos y Grandes Mártires, Jorge el victorioso, Demetrio el portador de la mirra, Teodoro el estratelado y todos los santos mártires: nuestros venerables y portadores de Dios, nuestros padres Antonio, Eutimia, Sava el santificado, Teodosio la vida general del jefe, Onufrio, Arsenia, Atanasio de Athos y todos los santos: santos y curanderos, los no mercenarios Cosme y Damián, Ciro y Juan, Panteleimon y Hermolai, Sansón y Diomedes, Falalea y Trifón, y otros: el santo nombre, y a todos tus santos, y concédele el sueño del reposo, el sueño de la salud corporal y de la salvación y del vientre, y la fuerza del alma y del cuerpo: como algunas veces visitaste a tu santo Abimelec, en el templo de Agripa, y le diste un sueño de consuelo, aunque no vio la caída de Jerusalén: y éste que durmió en un sueño reparador, y de nuevo éste que resucitó en un solo momento del tiempo, para gloria de tu bondad, pero también tu santa y gloriosa séptima juventud, confesores y testigos de tu aparición, mostrando, en los días del rey Decías y el apóstata: y el que durmió en el foso durante el verano, como niños calentados en el vientre de su madre, y sin haber sufrido en modo alguno corrupción, para alabanza y gloria de tu amor por los hombres, y para la demostración y anuncio de nuestro renacimiento y la resurrección de todos. Oh, oh Zar que amas a la humanidad, aparece ahora por el influjo de tu Espíritu Santo, y visita el nombre de tu siervo, concédele salud, fuerza y bendiciones, por tu bondad: porque de ti proviene toda buena dádiva, y toda dádiva es perfecta. Porque Tú eres el médico de nuestras almas, y a Ti enviamos gloria, acción de gracias y adoración con Tu Padre Eterno y con Tu Santísimo, Bueno y Espíritu vivificante, ahora y por los siglos de los siglos, amén.
¡Oh, reverendo padre Irinarsha! He aquí, te rogamos sinceramente: sé nuestro intercesor siempre presente, pídenos a Cristo Dios paz, silencio, prosperidad, salud y salvación, y protección de todos los enemigos, visibles e invisibles, y cúbrenos por tu intercesión de todo tipo de problemas y dolores, y especialmente de la tentación del enemigo oscuro, que todos glorifiquemos contigo el santísimo nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Menea. 4 de agosto.
Breviario en escritura civil (1906)