Confírmame, Señor, en esta fe verdadera, la confesión; y concédeme, después de haber odiado toda mi vida, tener un corazón para ti y alabar dignamente tu santísimo nombre, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
¡Hijo de Dios, Luz Eterna y da luz a todos! Ten piedad de mí, ilumina los ojos de mi corazón a través de las tinieblas de los pecados y de las pasiones oscurecidas, así como iluminaste a los ciegos que clamaban a Ti. Que se abran los ojos de mi corazón, para que pueda verte, la Luz que nunca se pone, y que pueda seguirte con fe y amor, por amor al maldito que caminó sobre la tierra. Amén.