Tú, mi Salvador, que por obediencia, durante treinta años en Nazaret obedeciste a tu Madre, la Santísima Virgen María, y al guardián de su virginidad, José, y al entrar en la obra de tu gran ministerio, fuiste obediente a la voluntad de tu Padre hasta la muerte, muerte de cruz, para que yo, siguiendo tu ejemplo, obedeciera en todo a los gobernantes que pusiste sobre mí y cumpliera todo lo que en la ley y el Evangelio mandado por Ti, para que toda mi vida fuera continua. obediencia, que me haría digno partícipe de Tu gracia en esta vida y de Tu gloria en la vida futura.