Tu cordero, Jesús, Thomaido,/ clama con gran voz:/ Te amo, Esposo mío,/ y buscándote sufro,/ y soy crucificado y sepultado en tu bautismo,/ y sufro por ti, / como reino en Ti, y muero por Ti, / y vivo contigo, / pero como sacrificio inmaculado, acéptame con amor, sacrificado a Ti. / Que a través de las oraciones, / / como Tú eres misericordioso, salve nuestras almas.
¡Oh, mártir todo loable Thomaido! Por la pureza de tu matrimonio, aun habiendo trabajado hasta la sangre y habiendo entregado tu alma por la castidad, te has encontrado digna ante el Señor, incluso en la persona de las santas vírgenes. Escúchanos orarte a ti: y así como Borimia en la antigüedad te tuvo de la carne como sanador, según la gracia que Dios te ha dado, da consuelo a los que ahora recurren a tu intercesión y liberación de las guerras carnales, y una vida casta y permanencia en el matrimonio y la virginidad con tus oraciones agradables a Dios, esfuérzate por interceder ante todos, porque nuestro cuerpo es el templo del Santo que vive en nosotros. Habrá espíritus. ¡Oh, escogida como esposa y fiel sierva de Cristo! Ayúdanos, que no perezcamos con nuestras pasiones y concupiscencias, sino que seamos guiados por nuestra mente y fortalecidos por nuestro corazón con toda piedad y pureza, glorificando tu ayuda e intercesión, gracia y misericordia del Dios Trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.