¿Adónde huyo de Ti, Señor nuestro? ¿En qué país me esconderé de tu rostro? El cielo es tu trono, la tierra es el estrado de tus pies, en el mar está tu camino, en el Seol está tu dominio. Si el fin del mundo ya está cerca, entonces que haya un fin no sin Tus bondades.
Tú sabes, Señor, que nuestras iniquidades son grandes. Y sabemos que grandes son tus compasiones. Si Tus compasiones no Te apaciguan, perecemos por nuestras iniquidades. No nos abandones, Señor, Señor, porque hemos comido Tu Carne y Tu Sangre.
Cuando las obras de todos sean probadas delante de Ti, Señor de todos, en este último tiempo, no apartes tu rostro, oh Señor, de aquellos que han confesado tu santo nombre. ¡Padre, Hijo y Santa Alma Consolador! ¡Sálvanos y salva nuestras almas!
¡Suplicamos Tu bondad, Señor, perdónanos nuestras culpas, desprecia nuestras iniquidades, ábrenos la puerta de Tus compasiones, Señor! Que vengan a nosotros tiempos de paz, y según Tus compasiones, acepta con gracia nuestra oración, porque a los que se arrepienten, Señor, abres la puerta.
Fuente: Rev. Efraín el Sirio. Cantos funerarios