Predicadores de piedad y representadores de la Resurrección de los Muertos,/ Pilares de la Iglesia de los siete días,/ alabemos a los jóvenes bienaventurados con cánticos:/ por muchos años de incorruptibilidad, como despertados del sueño, // proclamaron a todos la resurrección de los muertos.
Habiendo glorificado tu tierra santa en la tierra/ antes de tu segunda y terrible venida, oh Cristo,/ por la gloriosa resurrección de los jóvenes/ mostraste la resurrección a los que no la conocían,/ vestiduras incorruptibles y habiendo revelado el cuerpo,/ y aseguraste al rey que el clamor era verdaderamente una resurrección de los muertos.
¡Oh, maravilloso séptimo joven santo, alabado sea la ciudad de Éfeso y toda la esperanza del universo entero! Míranos desde las alturas de la gloria celestial a nosotros, que honramos con amor tu memoria, y especialmente a los niños cristianos, encomendados a tu intercesión por sus padres. Haz descender sobre ella la bendición de Cristo Dios, oh Señor: deja que los niños vengan a Mí. Sanad a los enfermos, consolad a los que lloran, mantened puros sus corazones, llenadlos de mansedumbre, y en la tierra de vuestros corazones plantad y fortaleced el grano de la confesión de Dios, aun con fuerza para que crezcan en fuerzas. Y todos nosotros, tus santos íconos que estamos ante ti, que besamos tu poder con fe y te oramos calurosamente, nos dignamos realzar el Reino de los Cielos y glorificar las silenciosas voces de alegría en el magnífico Nombre de la Santísima Trinidad, Padre e Hijo y Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.