¡Oh, gran siervo de Dios, Simeón, el que recibe a Dios! De pie ante el Trono del gran Rey y Dios nuestro, Jesucristo, con gran valentía he venido a Él, en tus brazos, por amor de la salvación, corre hacia el que se digna. A ti, como representante muy poderoso y hombre fuerte de oración por nosotros, nosotros, pecadores e indignos (nombres), acudimos corriendo. Orad por su bondad, para que aparte de nosotros su ira, actuando justamente contra nosotros según nuestras obras, y, habiendo despreciado nuestros innumerables pecados, nos lleve al camino del arrepentimiento y nos confirme en el camino de sus mandamientos. Protege nuestra vida en el mundo con tus oraciones, y pide a todos buena prisa, concediéndonos todo lo necesario para la vida y la piedad. Por tu intercesión, libra todas las ciudades y pueblos de nuestro país de todas las desgracias, angustias y muertes innecesarias, y protégelas de todos los enemigos, visibles e invisibles, con tu protección. Vivamos una vida tranquila y silenciosa con toda piedad y pureza, y así, habiendo pasado esta vida temporal en el mundo, alcanzaremos la paz eterna, donde seremos hechos dignos del Cielo, del Reino de Cristo nuestro Dios. A Él es debida toda gloria, con el Padre y Su Santísimo Espíritu, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.