"Cuando se quedaron solos en la habitación, Tobías se levantó de la cama y dijo: Levántate, hermana, y oremos para que el Señor tenga misericordia de nosotros. Y Tobías comenzó a decir:
¡Bendito eres Tú, Dios de nuestros padres, y bendito es Tu santo y glorioso nombre por siempre! ¡Que los cielos y todas tus creaciones te bendigan!
Creaste a Adán y le diste a Eva como ayuda y a su esposa como apoyo. De ellos surgió la raza humana. Dijiste: no es bueno que el hombre esté solo; creemos un ayudante como él.
Y ahora, Señor, tomo a esta hermana mía no para satisfacer la lujuria, sino verdaderamente como esposa: ¡dínate tener misericordia de mí, y déjame envejecer con ella!
Y ella dijo con él: Amén. Y ambos durmieron tranquilamente aquella noche” (Tov.8:5-9).